martes, 13 de octubre de 2015

MICRORRELATO "NO TE VAYAS"

NO TE VAYAS

No dejaba de llorar. No podía parar. Sus ojos eran dos fuentes por las que no cesaban de manar las lágrimas de su tristeza.

Se dio la vuelta, dejando la tumba a sus espaldas mientras un rayo quebraba el cielo encapotado, con la promesa inminente de una terrible tormenta.

Una voz retumbó en sus oídos como el trueno que rugía en el cielo.

"Espera, no te vayas. Tienes una plaza asegurada aquí abajo, con nosotros, en el Infierno... ¡Asesina!"

Del suelo surgieron unas manos que la prendieron con garra de acero y comenzaron a hundirla en la tierra.

De su garganta no cesaban de manar inútiles gritos de socorro.




© Copyright 2015 Javier LOBO.Todos los derechos reservados.

viernes, 9 de octubre de 2015

MICRORRELATO "¿DE VERDAD QUIERES SABERLO?"

Nuevo microrrelato de mi producción. Como sugerencia musical presento:

GRAHAM PLOWMAN: Return To Arkham

Espero que lo disfrutéis.

¿DE VERDAD QUIERES SABERLO?



Comenzó el ritual. Sus labios murmuraron apresuradamente las fórmulas en aquella lengua maldita ya olvidada. Pronto le comenzaron a doler las cuerdas vocales, y no tardó demasiado en sufrir un intenso padecimiento que le laceró todo el cuerpo.

Un manto de tinieblas se extendió ante sus ojos mientras la temperatura bajaba alarmantemente. Las gotas de sudor que resbalaban por su piel se comenzaron a congelar, mordiendo cada milímetro de su ser.

Había llegado el momento de hacer la pregunta:

–Quiero saber qué hay más allá de la oscuridad –dijo con decisión.

Una gélida ráfaga de viento, procedente de la sobrenatural negrura que se extendía ante él, le golpeó en el rostro y, con el aire, una voz profunda y espectral, resonó en sus oídos produciendo interminables ecos, como si retumbara desde el interior de una caverna muy profunda.

–¿De verdad quieres saberlo?


© Copyright 2015 Javier LOBO. Todos los derechos reservados.



lunes, 5 de octubre de 2015

PREMIOS PARABATAIS

Una vez más, tengo el orgullo de sentarme ante el teclado para confeccionar un post sobre un premio concedido a este humilde rincón literario. Esta vez, se trata (¡¡Y POR TERCERA Y CUARTA VEZ EN ESTE MISMO AÑO!!) de los premios PARABATAIS.

Ante todo agradecer al compañero y magnífico escritor que me ha nominado, Ramón Seres de Luz, autor de un blog extraordinario, Seres de Luz (http://www.seresdeluzblog.com/seres-de-luz-nominado-al-premio-parabatais/), el haber pensado en mi trabajo para premiarlo. Igualmente, acabo de recibir la noticia de que el pasado día 12 de octubre Mendiel también ha nominado a este blog para esos mismo premios en su blog Pies fríos en la  espalda (http://piesfriosenlaespalda.blogspot.com.es/2015/10/premio-parabatais.html). Os recomiendo las lectura de sus trabajos, sin ninguna duda.

El nombre del premio procede de los Parabatais, los guerreros Nephilim que luchan juntos de por vida, unidos por el vínculo de la cercanía y el compañerismo. Ese es el espíritu del premioel reconocimiento al compañerismo y a la hermandad entre blogueros.


Continuando con las normas, ahora tocan las preguntas:

  1. Libro que más te ha gustado: Depende del género pero, como este blog es de terror, mis favoritos son "El Exorcista" de William Peter Blatty, y "Corazón de Ángel" de William Hjortsberg. Aterradoramente adictivos, hasta el extremo de llegar a sufrir pesadillas con ambos.
  2. Autor que te guste: Empezamos con el corazón dividido, pues en el rincón azul tenemos a Howard Phillips Lovecraft, y en la esquina roja a Edgar Allan Poe. Todo un dilema, vaya.
  3. Libro que has leído más de una vez: "El Exorcista", de William Peter Blatty. Absolutamente indispensable para los amantes del género, y uno de los libros más aterradores que he leído jamás.
  4. ¿Qué prefieres: el libro electrónico o el de siempre? Soy un clásico y, de hecho, aún me compro libros en formato papel (me encanta el tacto, el aroma, el crujido de la hoja contra las yemas de mis dedos), aunque no dejo de reconocer las inmensas ventajas de los ebooks, especialmente que están permitiendo publicar y darse a conocer a toda una nueva hornada de autores que, poco a poco, van renovando la sangre literaria de este país, cosa que, en mi humilde opinión, iba haciendo falta ya.
  5. ¿Qué genero literario prefieres? De siempre me ha encantado el thriller y el misterio, pero no niego que devoro cualquier tipo de lectura: terror, poesía, romántica, filosofía, historia,... Como autor, me encanta moverme en los géneros que desarrollo en mis blogs: horror en Secretos de R'Lyeh, poesía (especialmente erótica) en El Brillo de la Tinta, y el thriller y la intriga en Smokin' Guns.
  6. Libro que te gustaría leer: Cualquiera que sea obra de mis amigos blogueros (si puede ser con dedicatoria, mejor. ¡¡Ja, ja, ja, ja!! Es broma), pues hay escondido una cantidad inmensa de talento en este ciberespacio que merece la pena ser descubierta, compartida y leída.
  7. Ciudad que más te gustó visitar: Aquí tengo otra vez el corazón dividido entre Florencia y Toledo, pues son dos ciudades maravillosas y espectaculares, majestuosas y llenas de intrigas y misterios. La tercera en discordia es Barcelona.
  8. Ciudad que te gustaría visitar: Tokio. Soy un gran aficionado a la cultura japonesa y es un viaje que tengo pendiente.
  9. ¿Qué es lo que más te gusta de tener un blog? Poder disfrutar creando y compartiendo mi trabajo en una simbiosis con los lectores que me permite mejorar cada vez más, y disfrutar con sus lecturas, además del acicate de plantearme nuevos desafíos literarios que jamás habría creído que pudiera generar mi mente.
  10. ¿Y lo que menos? Que no tengo horas suficientes a lo largo del día para dedicarme a ello en exclusiva, además de que no puedo, lamentablemente, vivir de la escritura, una de las grandes pasiones de mi vida.
 Y ahora tocan las nominaciones a los blogs. Como estoy participando en un fabuloso proyecto impulsado por Oscar Ryan, "La Mansión Crow Mirror", no es para menos nominar a las grandes plumas literarias que me acompañan en esta singular andadura, alguno que otro de mi predilección:

  1. Oscar Ryan: "Mi pequeña biblioteca".
  2. José Carlos García: "La burbuja literaria de JC"
  3. Juan Cabezuelo: "Letra entre vías".
  4. María Campra Peláez: "Escritora Mamá".
  5. Campanilla Feroz: "Las letras suicidas".
  6. Irene G.: "La Quimera".
  7. Edgar K. Yera: "El rincón creativo".
  8. Mendiel: "Pies fríos en la espalda".
  9. María José Luque Fernández "Sonrisas de Camaleón": "Sonrisas de camaleón".
  10. Salvador Méndez Z El Bohemio: "Celda 13 y sin fianza"
  11. Carlos Dearma: "Varios literarios".
  12. Virginia Vallina: "Relatos, cuentos, historias,...".
  13. Renzo Corredor: "Carta del peatón".
  14. Felipe Rodríguez: "Contagiando locuras".
  15. Stella Maris: "Mis poemas".

Felicidades a todos los nominados.

jueves, 1 de octubre de 2015

CAPÍTULO IX DE "LA MANSIÓN CROWMIRROR"

Con infinito orgullo os presento el capítulo IX de "La Mansión CrowMirror", un proyecto impulsado por Oscar Ryan y escrito en colaboración con varios magníficos y extraordinarios autores para la comunidad Relatos Extraordinarios, de Google+.

La imagen que aporto al personaje que presento en esta narración es la de Cristoph Waltz en "Malditos Bastardos", de Quentin Tarantino, en una interpretación inemsa que le valió el Oscar en 2009.

En cuanto a la aportación musical, he decidido emplear esta partitura  para acompañar la lectura de este capítulo:

 
BLIND WILLIE JOHNSON - God Moves On The Water


He aquí mi pequeña aportación.

Espero que la disfrutéis.



CAPÍTULO IX - EL ESCALOFRÍO

La impresionante fachada de la mansión Rowmir creció ante sus ojos a medida que se acercaban. Peter Mongabay recordó los inmensos castillos y mansiones que vio durante la guerra en la vieja Europa. Aquella propiedad que se erigía hacia el cielo tenía la misma esencia, el aspecto imponente y amenazador de los dedos de un dios maldito tratando de tocar las estrellas.

Detective Peter Mongabay

Un escalofrío recorrió la espalda del detective de Nueva Orleans: algo no iba bien. A su lado, Scott Blake no cesaba de charlar animadamente.

–Una bella propiedad, similar a algunos caseríos que tenemos en las comarcas de mi añorada Inglaterra –oyó que decía.

–Sí, los conozco –apuntó Mongabay.

Sintió que el británico lo miraba de soslayo. La luz resbaló pesadamente sobre el pelo engominado del robusto detective. Mongabay se recordó en silencio quién pagaba a aquel gigante de aspecto apacible y modales refinados.

–Veo que estuvo usted en la guerra, mi querido amigo. Esa fea cicatriz que le asoma por el cuello me recuerda ciertos episodios de entonces. Y tiene la mirada perdida del que estuvo en el frente, en la trinchera, sangrando y padeciendo en una lucha que no le iba ni le venía.

Mongabay se acarició la franja de tejido cicatricial que asomaba por el cuello de su camisa, e hizo una nota mental: Blake no era tan estúpido como parecía.

Detective Scott Blake

El de Nueva Orleans no quiso responder. No quería recordar los horrores que vio ni el sufrimiento que padeció.

La señora Nispel sacó un grueso juego de llaves del bolsillo y les franqueó la entrada a la mansión. Los ojos de los dos detectives no tardaron en moverse nerviosos por todos los rincones. La propiedad era de dimensiones tan colosales que la propia mirada se perdía.

Mongabay tuvo un escalofrío: un sentimiento de familiaridad le asaltó, como si ya conociera aquel lugar.
Blake pasó un dedo por los muebles.

–Felicidades, señora Nispel –dijo, observando la yema–. Absolutamente impoluto. Debe resultar agotador para una persona de su edad tener que encargarse de la limpieza y el mantenimiento de una finca tan enorme.

La mujer lo fulminó con una mirada a la que el detective británico ni se molestó en responder.

–De la limpieza nos encargamos mi hija y yo. Del mantenimiento, el señor Vex –explicó.

–¿El también conoció a Williams antes de su desaparición?

La mujer dedicó una enigmática mirada a Mongabay antes de encogerse de hombros.

–Supongo. Ni idea. Pregúnteselo a él.

El detective sonrió: el ama de llaves era un diccionario abierto por la página de lo lacónico.

–Estaría bien hablar con el señor Vex –intervino Scott Blake–, si a mi colega americano le parece bien.

Mongabay asintió en silencio mientras sus ojos iban y venía por el recibidor y se filtraban por algunas puertas adyacentes. Desde una de ellas le llegó la visión de libros. Tuvo una idea: el notario era un hombre de letras, y estos suelen sentirse atraídos por los libros como las moscas a la miel.

Sin decir una palabra, obviando al británico y a la guardesa, el detective de Nueva Orleans dirigió sus pasos hacia la biblioteca mientras era seguido en silencio por las miradas de la señora Nispel y Scott Blake.

–Sí, claro –expresó su descontento la mujer, alzando un poco la voz–. Sírvase usted mismo.

 Señora Nispel

Blake, impertérrito, comenzó a buscar en otra dirección.

La biblioteca era una sala descomunal, con un techo altísimo de varias plantas de altura. La distribución de la casa engañaba: el exterior no tenía anda que ver con el interior. Se le vino a la mente la idea de Samuel Williams precipitándose desde las alturas. Seguramente, la caída hubiera sido más que suficiente para haberle matado.

Miró a su alrededor, buscando algún indicio de impacto que pudiera reafirmar su teoría. El caro suelo de parqué parecía estar en perfecto estado, nada  indicaba que hubiera sido renovado recientemente. Ni salpicaduras a baja altura en los zócalos, ni en las patas de los muebles. Incluso se tiró debajo de algunos butacones y observó el tapizado a la luz de su mechero, con resultados infructuosos.

Vale, pudiera ser que no se hubiera precipitado, pero no podía descartar nada.

Se acercó a las estanterías y comenzó a leer títulos de los lomos de los volúmenes de apariencia impoluta y vetusta que se alienaban con pulcritud en el anaquel de madera. Algunos libros mostraban señales del deterioro propio del uso y del inclemente paso del tiempo. Primeras ediciones, clásicos, novedades, grandes nombres de la literatura.

Una fortuna en papel.

Se estaba incorporando cuando una figura atrajo su atención. Al principio no era más que una mancha que soslayó con la mirada, pero luego quedó patente, y la sensación de familiaridad volvió a cobrar intensidad de manera incómoda.

Frente a él, exactamente igual que en su anillo, había aparecido la efigie de un Cuervo que parecía estar mirándose en el espejo que tenía ante sí.

Peter Mongabay se acercó lentamente, estudiando detenidamente la poderosa imagen. El espejo estaba rodeado por una serie de volutas, extrañas, que mostraban a su vez un diminuto grabado extendiéndose por su superficie. Se concentró en los contornos y se dio cuenta que las ondas se iban derramando suavemente para crear una figura más grotesca, de proporciones colosales, pero terriblemente monstruosa. En las alturas, la estatua del cuervo le devolvió la mirada desde el espejo, haciéndole sentir como el protagonista de los versos de Poe.

Súbitamente, ante sus ojos, algo captó su atención: un volumen antiguo vuelto de espaldas, de modo que sólo veía el canto de las hojas y no el lomo con el título y el autor, del que sobresalía una pequeña resma de papel.

Un pliego demasiado nuevo en un volumen demasiado antiguo.

Mirando furtivamente por encima del hombro, tomó el pequeño tomo y le dio la vuelta. Estaba escrito en un idioma indescifrable, sin título ni autor, pero el interior estaba ricamente adornado con ilustraciones que supuso de alguna cultura oriental y por una mano no especialmente ducha en el dibujo.

Las estampas mostraban a un ser monstruoso al que se dedicaban sacrificios humanos, que desfloraba a mujeres jóvenes, y que terminaba por mostrarse en toda su gloria y esplendor, con un manto de oscuridad extendiéndose a sus pies desde lo que parecía un mar, con una ciudad de características imposibles a sus espaldas.

El trozo de papel que había llamado su atención, era una hoja con membrete: Samuel Williams, notario, con dirección en calle Canal, Nueva Orleans. Bajo el sello, notas tomadas apresuradamente, con trazo nervioso, casi ilegibles.



Sin pensárselo dos veces, se guardó el pequeño libro bajo la chaqueta, ceñido a su cuerpo por el cinturón.
Un susurro recorrió las paredes, como si algo le observara desde el otro lado del tabique, algo que se movía a una gran velocidad. Una voz sobrenatural retumbó en su mente:

Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn

Súbitamente, se sintió observado.


–¿Puedo ayudarle en algo? –preguntó a sus espaldas, una voz en un extraño acento europeo.

Mongabay se dio la vuelta, sobresaltado. Un hombre de mediana estatura, cabellos rubios y pulcra presencia lo mirada con aire divertido desde la entrada a la estancia. Vestía uniforme de mayordomo, pero algo le decía al detective que no era precisamente un criado cualquiera.

–Soy Peter Mongabay. La señora Williams me ha contratado para averiguar el paradero de su marido –se presentó rápidamente–. Y usted es…

El hombre se adelantó unos pasos e inclinó suavemente la cabeza a modo de reverencia.

Herr Vex, mayordomo y encargado del mantenimiento de la finca.

Ese rostro… tan familiar…

–¿Nos conocemos, herr Vex? –preguntó el de Nueva Orleans. Acento centroeuropeo, sin duda alguna–. ¿De la guerra, quizás?

–Lo dudo –negó el otro, con una amable sonrisa en los labios–.Soy suizo, y no participamos en la contienda, como bien sabrá.

Mongabay asintió pesadamente mientras asimilaba la mentira que le acababan de lanzar. Su experiencia como policía militar y detective privado le había enseñado a reconocer los subterfugios y embustes de los mentirosos, y este hombre era muy bueno, pero le mentía. Seguro.

Se giró hacia la estantería para concentrarse de nuevo en el grabado de la criatura que se escondía tras el espejo. Pudo atisbar entre las volutas labradas en la madera barnizada las afiladas garras de lo que parecía ser una deidad monstruosa. Una de las ondas que se derramaba a los lados de la estantería conectaba con la cabeza que se perfilaba alrededor del espejo, creyendo distinguir en ella un tentáculo de repugnante apariencia.

–¿Conoció al señor Williams? –preguntó el investigador.

–Sí –dijo el mayordomo a sus espaldas–. Un hombre muy amable y educado. Pasaba mucho tiempo en esta estancia cuando visitaba la mansión. Disfrutaba mucho con la lectura de algún ejemplar raro de esta biblioteca que, la verdad, goza de algunos volúmenes muy cotizados… y codiciados –añadió, cambiando la entonación de las palabras.

¿De qué coño conocía al jodido suizo?

–¿Le vio hablar con alguien? ¿Se comportó de manera extraña? –Mongabay se dio la vuelta, encontrándose con la mirada interrogante del suizo–. Me refiero a que si tuvo una conducta rara, si frecuentaba amistades nuevas, o si le recuerda alguna frase fuera de lugar, pero que ahora habría adquirido sentido.

Vex meditó unos instantes.

–No –respondió  finalmente–. La única compañía de la que le vi gozar fue la de una bella señorita negra. Y ya lo creo que la gozaba –apuntó, con una sonrisa.

Bueno, al parecer Vex había visto a Williams con Clarice Roland. Parecía que la teoría de la fuga con su amante de color iba tomando peso. Todo un escándalo para una sociedad tan cerrada como aquella, con el segregacionismo en todo su esplendor, y todo un desperdicio en su propia opinión, teniendo en cuenta el bombón de mujer que era Elisabeth Williams.

–¿Su secretaria, tal vez?

–Puede, aunque se les veía bastante acaramelados, la verdad. No obstante, a ella se la veía muy nerviosa, inquieta, como si prefiriera estar en otro lugar. De hecho, la última vez ambos vinieron con muchas prisas.

–¿Qué hicieron en esa última visita? –se interesó Mongabay.

–¿Se refiere a si se buscaron un rincón discreto y apartado de miradas curiosas para copular? –señaló el suizo, con una afilada sonrisa en los labios. El detective le respondió con el silencio de una fría mirada–. No, la verdad es que no salieron de la biblioteca, consultando varios volúmenes de la misma, justo de la estantería que tiene a su lado.

Mongabay se giró, y la estatua del cuervo le devolvió la mirada desde su reflejo en el espejo en las alturas, silencioso como la sombra de un guardián.

Un recuerdo lo asaltó.

Recordó.

Entre el frío glacial y la nieve asesina de Bastogne, dejando un reguero de muerte y destrucción a su paso. Uno de los blancos fijados por la entonces OSS, ahora la CIA, como prioritarios. La orden era muy concreta: búsqueda, localización y destrucción por cualquier medio.

Herr Vex (Wulfgar von Kriegg)

Herr Vex era Wulfgar von Kriegg, alto oficial de las SS y uno de los consejeros ocultistas del mismísimo Adolf Hitler.

Y uno de los asesinos de guerra más buscados del mundo.

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